Eh, Niño. Sí, tú. El del pesebre y la cara de no saber dónde te has metido. El supuesto protagonista de todo esto.
Bienvenido al mundo. Abrígate, porque aquí hace frío incluso rodeado de gente. Te aviso desde ya: la mayoría no tiene ni puta idea de qué está celebrando. Brindan, comen hasta reventar, cantan villancicos y montan el numerito sin saber muy bien por qué. Lo tuyo es casi un detalle decorativo.
Te sacan una vez al año de la caja, te plantan en el belén y listo, tradición cumplida. Nadie pregunta demasiado. Celebrar por celebrar es deporte nacional. Mucha luz, mucho regalo y mucha frase bonita mientras cada uno va a lo suyo. Se abrazan el domingo y se apuñalan los lunes. Pura coherencia humana. Ya lo irás viendo cuando seas más mayor.
Te van a querer mucho… de boquilla. Te pondrán en escaparates, discursos y balcones, te citarán sin leerte y te rezarán sin escucharte. Se darán golpes de pecho después de hacer alguna guarrada y se quedarán tan tranquilos. Todo muy espiritual, muy auténtico.
Eso sí, una vez al año te montan una fiesta enorme de cagarse la culebra. Comen como si se acabara el mundo y brindan por cosas muy profundas mientras discuten por cualquier tontería. Nadie sabe exactamente qué se celebra, pero oye, se celebra fuerte, que es lo importante.
Aun así, entre tanto ruido, de vez en cuando alguien hará algo decente sin postureo ni aplausos. Llamará a quien tiene olvidado, perdonará una mierda antigua o se portará como persona normal durante cinco minutos. Poco, pero suficiente para que este circo siga en pie.
Así que duerme, Niño. Disfruta ahora que eres adorable y no opinas. Luego crecerás, hablarás claro y ya verás cómo empiezan a ponerse todos nerviosos. No pasa nada: siempre podrán volver a meterte en una cajita con musgo y decir que todo sigue igual.
Bienvenido al mundo. Aquí se celebra todo… incluso sin saber por qué. Y ojo, que entenderlo no significa ponerse serio ni apagar la diversión. Se puede saber de dónde viene todo y pasarlo de puta madre a la vez. Reír, comer, brindar y liarla un poco no está reñido con tener claro el motivo. Al contrario: cuando sabes por qué celebras, disfrutas más y mejor.
¡Feliz Navidad, Señor!