La idea sobre el papel no podía ser más potente: meterte en el mundo de los ultras, en sus códigos, su identidad y todo ese caldo de cultivo que mezcla fútbol y pertenencia. Eso, bien hecho, es oro. Pero aquí no hay oro. Aquí hay una buena ración de mierda en lata.
Y lo más sangrante de todo es que este tema ya se ha tratado bien… muy bien. Hay serie y pelis que sin ser obras maestras te meten de lleno en ese mundo, con crudeza, tensión y personajes que sí parecen vivir dentro de esa realidad. Incluso producciones más actuales han sabido rascar algo de verdad en ese ambiente.
Desde el primer minuto todo es una broma. Los diálogos parecen escritos por los guionistas de la serie «Teo desayuna». Cero verdad. Nadie habla así. Nadie se comporta así. No hay una sola escena que te haga pensar “esto podría pasar”.
Es un panfleto cargado de mentiras. No hay intención de contar una realidad compleja, hay intención de empujar un mensaje a martillazos. Todo está exagerado, simplificado y manipulado para que encaje en una visión concreta, aunque para eso tengan que cargarse cualquier atisbo de verdad. Trata al espectador como a un auténtico gilipollas y encima espera que les des las gracias por ello.
No es solo que parezca propaganda barata… es que da la sensación de ser producto de encargo. De esas cosas que no nacen de una historia potente que alguien quiere contar, sino de una idea que alguien quiere vender.
Además, hay algo que chirría: Luis Tosar. Da la sensación de que esta mierda se apoya en el actor más que en el guión. Como si dijeran “metemos a Tosar y ya con eso tiramos”.
Luis Tosar es buen actor, sí… pero está bastante sobrevalorado. Lleva años haciendo prácticamente el mismo personaje: tipo duro, mirada intensa y pocas palabras. Funciona, pero no sorprende. No arriesga, no se sale del molde y acaba pareciendo más una marca que un actor que evoluciona. Cuando el guion acompaña, cuela; cuando no, se le ven las costuras y se hace insoportable.
A esta serie no le doy ni un capítulo de margen.
No porque no quiera… sino porque no hay absolutamente nada que me invite a dárselo.