Qué cojones es eso de una exposición inmersiva

Hace unos años ibas a una exposición y la cosa era bastante sencilla: vitrinas, paneles con texto, algún objeto interesante detrás de un cristal y gente caminando despacio leyendo carteles. A veces era interesante, a veces era un coñazo soberano, pero al menos sabías a qué ibas: a ver cosas.

Pero en los últimos años empezó a aparecer por todas partes una palabrita que parece que lo arregla todo: exposición inmersiva. Y claro, uno ve el cartel, el anuncio o la cola en la puerta y piensa: vale… pero ¿qué cojones significa exactamente eso?

Pues básicamente significa que en lugar de ir a ver una exposición normal… te meten dentro de un espectáculo audiovisual.

Las hay de todo tipo: del antiguo Egipto, de dinosaurios, del espacio, de historia, de ciencia, de naturaleza, de ciudades futuristas, del fondo del océano o de lo que se le haya ocurrido a alguien con un buen equipo de proyectores. El tema da bastante igual. Lo importante no es tanto lo que se cuenta, sino cómo te lo meten por los ojos.

En vez de vitrinas y paneles, entras en una sala enorme donde las paredes, el suelo y a veces hasta el techo son pantallas gigantes. Empiezan a moverse imágenes, animaciones, paisajes, sonidos, música… y tú estás en medio como si te hubieran metido dentro de un documental gigante o dentro de un salvapantallas de Windows tamaño hangar.

Te rodea todo. Te envuelve todo. Y muchas veces parece más un espectáculo que una exposición.

De ahí viene lo de “inmersiva”. La idea es que no estés mirando algo desde fuera, sino que estés metido dentro del ambiente. Que todo ocurra a tu alrededor para que tengas la sensación de estar dentro de una jungla, en el fondo del mar, en una pirámide egipcia o en medio de una galaxia.

Para conseguir eso tiran de todo lo que pueden: proyecciones 360 grados, sonido envolvente, luces, animaciones, suelos interactivos y a veces hasta efectos de olor. Sí, olor. Porque aparentemente ahora para aprender algo también hace falta que te tiren aromas por la sala como si aquello fuera un ambientador gigante.

El resultado suele ser una mezcla entre exposición, espectáculo audiovisual y parque temático educativo.

Y claro, el problema es que muchas veces hay más espectáculo que contenido. Mucha pantalla, mucha música épica, mucha luz moviéndose… pero sales con la sensación de haber estado dentro de algo muy llamativo sin tener demasiado claro qué has aprendido realmente.

Además, hay otro detalle curioso: estas exposiciones parecen diseñadas con el móvil en mente. Pantallas gigantes, colores potentes, animaciones por todos lados… todo perfecto para que la gente saque el teléfono, grabe un vídeo, se haga cuatro fotos y lo suba a Instagram.

Que ojo, no digo que todas sean malas. Algunas están muy bien montadas y pueden ser entretenidas. Pero muchas veces se venden como si fueran la gran revolución cultural del siglo… cuando en realidad son un espectáculo audiovisual bastante caro con etiqueta educativa.

Así que la próxima vez que veas anunciado algo como “una experiencia inmersiva”, ya sabes lo que te espera.

Una sala enorme, pantallas por todas partes, música épica, luces moviéndose y un montón de gente grabándolo todo con el móvil.

Un show visual curioso, sin duda.

Pero una exposición de las de antes… eso ya es otra historia muy distinta.