La gente que te llama, cuelgas y te vuelve a llamar

Hay un tipo de persona que debería venir con advertencia sanitaria, como el tabaco o los ascensores antiguos. Es la gente que te llama, no lo coges porque estás haciendo algo tan loco como vivir, y en lugar de asumir que ya devolverás la llamada cuando puedas, decide volver a llamar. Inmediatamente. Como si el mundo se estuviera acabando y tú fueras el último gilipollas con cobertura.

Primer tono. No lo coges. Segundo tono, diez segundos después. Tampoco. Tercer intento. Ya aquí no es insistencia, es acoso emocional de baja intensidad. Es el equivalente telefónico a alguien llamando a tu puerta, viendo que no abres, y empezando a aporrearla con la frente. ¿Qué parte de “no puedo ahora mismo” no se entiende cuando no cojo el puto teléfono?

Lo mejor es cuando finalmente lo coges pensando que ha muerto alguien, que hay un incendio o que te toca una herencia inesperada, y al otro lado te sueltan un “ah, nada, era para preguntarte una cosa rápida”. Rápida mis cojones. Si era tan rápida, podrías haber esperado tres minutos sin entrar en modo alarma nuclear.

Este tipo de gente vive convencida de que su llamada es prioritaria por defecto. Da igual que estés trabajando, cagando, conduciendo o simplemente hasta la polla de todo. Ellos llaman. Tú no contestas. Y su cerebro hace clic: “voy a volver a llamar porque seguro que no ha oído el teléfono”. Claro que sí, campeón, no lo he oído. El móvil ha vibrado, sonado y bailado la macarena, pero he decidido ignorarte a conciencia.

Y no, no es urgencia. Si fuera urgencia dejarías un mensaje, mandarías un WhatsApp o escribirías “llámame cuando puedas, es importante”. Pero no. Prefieres convertirte en una sirena humana, repitiendo la llamada como si así fueras a forzar el destino. Spoiler: lo único que fuerzas es que me entren ganas de bloquearte.

Hay algo profundamente inquietante en esa necesidad de respuesta inmediata. Como si no soportaran la idea de no ser atendidos al instante. Como niños pequeños golpeando el cristal del acuario porque el pez no les mira. Tranquilo, que sigo aquí. No soy tuyo. No estoy de guardia. Y no te debo disponibilidad 24/7, pesado de los cojones.

Así que si eres de los que llaman, no contestan y vuelven a llamar como si se fuera a acabar el mundo, reflexiona. Respira. Cuenta hasta diez. O hasta veinte, que te veo nervioso. Y si no te devuelvo la llamada al momento, igual es porque tengo una vida. O porque no me apetece hablar contigo ahora mismo, que también es una opción muy válida aunque joda asumirlo.