¿Hay alguien ahí? El puto fenómeno paranormal del banco vacío en el gimnasio

El gimnasio es un ecosistema precioso. Hierro, sudor, gente sufriendo en silencio… y luego están ellos. Los elegidos. Los que ven cosas que los demás no vemos. Los que se acercan a un banco completamente vacío, limpio, sin toalla, sin botella, sin mancuernas alrededor, sin nada… y te sueltan:

—Perdona… ¿hay alguien ahí?

Vamos a parar un segundo, porque esto roza lo sobrenatural. ¿Qué coño estás viendo tú?. Porque yo lo único que veo es un banco vacío. Punto.

Pero no. Ellos no se fían. Hay algo en ese banco que les da respeto como si fuera una tumba maldita. Miran alrededor. Bajan la voz. Te preguntan. Necesitan confirmación oficial:

—¿Está ocupado?

¿OCUPADO POR QUIÉN, JODER? ¡ME ESTÁS ACOJONANDO!

Y tú ahí, con cara de “esto no está pasando”, convertido de repente en el guardián espiritual del gimnasio. Porque claro, ahora tienes que responder. Ahora eres el puto intermediario entre el mundo de los vivos y el de los que “podrían estar usando ese banco en otra realidad paralela”.

—No, no hay nadie…

Y el tío respira. Asiente. Se relaja. Como si acabara de esquivar una maldición gitana.

Pero ojo, que aquí hay niveles. Está el que pregunta una vez. Ese aún lo salvo. Luego está el que mira el banco, se aleja, vuelve, lo vuelve a mirar… y vuelve a preguntar a otra persona. Ese ya está hablando con algo que tú no ves. Ese está negociando con entidades.

Y luego está el peor de todos: el que pregunta… SE SIENTA… y a los 30 segundos mira hacia atrás como si alguien fuera a venir a reclamarle el banco.

Yo tengo una teoría: esta gente no pregunta por el banco. Preguntan porque no quieren conflicto. No quieren líos. Tienen más miedo a que alguien les diga “oye, ese es mi banco” que a quedarse sin entrenar. Prefieren parecer tontos antes que meterse en un problema. Y oye, lo respeto… pero es que llega un punto que te hacen dudar. Y todo por su puta cobardía.

A mí me llevan los demonios porque te acaban jodiendo la cabeza. Porque después de escucharlo veinte veces… empiezas a mirar el banco raro. Empiezas a pensar:

“Vale… no hay nadie… PERO… ¿y si sí?”

Yo soy un cagado de cojones con estas movidas y prefiero no darle muchas vueltaspero te digo una cosa: si de verdad hubiera una presencia invisible entrenando… ¿Tú crees que estaría reservando bancos o esperando turno como un puto pringado?

Quiero pensar que no.