El “yo soy así” es la frase favorita del imbécil orgulloso. No es una explicación, no es una reflexión y desde luego no es una disculpa. Es una bandera blanca manchada de mierda que se usa para no cambiar nada, no mejorar nada y seguir siendo igual de insoportable sin que nadie le diga nada.
“Yo soy así” suele aparecer justo después de haberla cagado fuerte. Has sido borde, egoísta, maleducado o directamente un gilipollas con piernas, pero en lugar de asumirlo, sueltas la frase mágica y te quedas tan ancho. Como si tu personalidad fuera una enfermedad incurable y no una elección diaria de comportarte como te da la gana.
Lo gracioso es que nunca se usa para cosas buenas. Nadie dice “yo soy así” después de ayudar a alguien, pedir perdón de verdad o currárselo más de la cuenta. No. Se usa para justificar llegar tarde, hablar mal, faltar al respeto o pasar de todo. Siempre para cubrir mierdas, nunca virtudes.
El “yo soy así” es el eslogan oficial del adulto emocionalmente vago. El que no quiere revisarse, ni escuchar, ni crecer, ni aceptar que igual tiene que cambiar algo. Porque cambiar implica esfuerzo, incomodidad y reconocer que no eres tan guay como creías. Y eso duele más que seguir siendo un capullo funcional.
Además, suele venir acompañado de otra joya: “al que le guste bien y al que no, puerta”. Perfecto. Luego no entiendas por qué la gente se cansa de ti, se distancia o directamente te manda a tomar por culo. No es que no te acepten, es que no tienen por qué aguantar tus defectos sin que hagas nada por corregirlos.
Ser auténtico no es ser un gilipollas sin frenos. Tener personalidad no te da carta blanca para tratar mal a los demás. Y aceptarse a uno mismo no significa rendirse y dejar de mejorar. Significa saber quién eres… y currarte lo que da asco de ti.
Así que la próxima vez que te salga un “yo soy así”, párate un segundo. Igual no eres así. Igual simplemente no te da la gana dejar de comportarte como un imbécil. Y eso, amigo, no es personalidad: es pura pereza moral.