El drama de elegir serie durante más tiempo que verla

Sentarte a ver una serie debería ser el momento más fácil del día. Sofá, manta, algo de comer y a tomar por culo el mundo. Pero no. En 2026 elegir una serie es un puto máster en toma de decisiones que te deja más cansado que el curro.

Abres Netflix con ilusión, como quien abre la nevera convencido de que algo bueno va a aparecer por arte de magia. Empiezas a hacer scroll. Portada llamativa. Sinopsis. Dudas. “Esta parece lenta”. Scroll. “Esta tiene muchas temporadas”. Scroll. “Esta mejora a partir del capítulo cinco”. ¿Cinco? ¿Pero tú te crees que tengo tiempo vital para invertir en una serie que empieza mal, coño?

Veinte minutos después sigues ahí, mirando trailers como un imbécil, leyendo opiniones de desconocidos y dudando de tu propio criterio. Ya no quieres ver una serie, quieres que alguien decida por ti y te obligue a verla con una pistola en la sien.

Cuando por fin eliges una, no la eliges convencido. La eliges derrotado. Le das al play con la misma energía con la que aceptas un plan que no te apetece. Ves el primer capítulo mientras miras el móvil, te levantas a por agua, vuelves, no entiendes una mierda y rebobinas como si eso fuera a arreglar algo. Spoiler: no lo arregla.

Lo mejor es cuando dices “venga, un capítulo rápido”. Cuarenta minutos eligiendo, quince viendo y luego “mañana sigo”. Mentira podrida. Mañana volverás a abrir la plataforma, olvidarás que esa serie existe y repetirás el ritual como un hámster digital sin dignidad.

Esto no va de series. Va de saturación. De tener tantas opciones que el cerebro se colapsa y manda todo a la mierda. Antes había tres canales y te tragabas lo que hubiera. Ahora hay mil plataformas y ninguna te convence. Mucha libertad, cero paz mental.

Y así acabamos: agotados sin haber hecho nada. Quemados por decidir cómo descansar. Con el sofá convertido en un campo de batalla psicológico. Igual el problema no es que no sepamos elegir series, es que hasta para desconectar hacemos oposiciones mentales como gilipollas.

La solución es simple: elige una al azar y trágatela sin pensar. O apaga la tele y vete a dormir. Pero deja de convertir el descanso en otro puto drama innecesario. Que bastante cansados estamos ya sin ver nada.