Hay peleas de superhéroes que molan porque son épicas, equilibradas y te tienen en tensión. Y luego están esas otras en las que uno de los dos queda como un pesado de cojones con traje. Y sí, lo siento mucho por los fans del tipo del escudito brillante, pero cuando Captain América se cruza con Spider-Man… el Capi suele quedar como el típico memo del de bar que cree que tiene siempre la razón porque lleva treinta años contando la misma batallita.
Vamos a decirlo claro y sin rodeos: Spiderman es infinitamente más interesante que Capitán América. Peter Parker es un chaval al que la vida le ha dado hostias por todos lados. Problemas de pasta, trabajos de mierda, responsabilidades gigantes, enemigos que quieren reventarlo cada dos por tres y una conciencia moral que pesa más que un saco de cemento mojado. El tío vive agotado, llega tarde a todo, le cortan la luz, le suben el alquiler… y aun así sale a salvar gente. Eso es heroísmo de verdad, no el rollo del póster patriótico.
Capitán América, en cambio, muchas veces parece el delegado de clase del universo Marvel. Siempre con el discursito de lo correcto, lo moral, lo que hay que hacer… como si llevara un reglamento metido en el culo desde 1945. Todo muy noble, muy limpio, muy patriótico… pero también un coñazo sideral si somos sinceros.
Cuando se enfrentan, además, la diferencia de estilo es brutal. Spiderman pelea como alguien vivo: improvisa, se mueve como un demonio a tope de cafeína, te llena de telarañas y encima te vacila mientras lo hace. El tío está saltando por paredes, techos y farolas mientras suelta chistes que te dejan muerto.
Capitán América, en cambio, entra en combate con ese rollo de soldado perfecto que parece salido de un manual militar que nadie ha abierto desde 1943. Escudo, postura seria, frases solemnes… todo muy correcto, sí, pero también más previsible que el final de una película mala. Mientras Spiderman está pensando diez cosas a la vez, el Capi parece estar repitiendo el mismo movimiento que lleva haciendo desde la Segunda Guerra Mundial como si fuera un muñeco de cuerda.
Y luego está el tema de la fuerza real. Mucha gente piensa que Spiderman es solo un chaval que lanza telarañas y hace piruetas. Error. Peter Parker tiene una fuerza que da auténtico miedo. Ha levantado coches, ha sujetado edificios que se caían y ha parado trenes. Hay cómics donde se ve clarísimo que si Spiderman peleara sin contenerse podría reventar a medio universo Marvel en media tarde. El problema es que no lo hace porque no quiere matar a nadie.
Capitán América, por muy supersoldado que sea, sigue estando en otra liga. Es fuerte, sí. Es rápido, sí. Pero cuando Spiderman se pone serio, la diferencia física se nota como cuando comparas a un boxeador profesional con el típico flipado del gimnasio que se hace selfies en el espejo.
Y lo mejor de todo es el contraste de personalidad. Spiderman es humano, irónico, inseguro, cercano. Capitán América muchas veces parece un póster motivacional con piernas. Todo honor, disciplina y frases que perfectamente podrían estar impresas en una taza de café o en una puta camiseta de los neo-hippies de Mr. Wonderful.
No digo que el Capi sea un mal personaje. Ha tenido historias brutales y momentos épicos, eso es verdad. Pero cuando lo pones frente a Spiderman se nota muchísimo que uno es un símbolo muy serio y muy rígido… y el otro es un personaje vivo, caótico y jodidamente carismático.
Así que sí, si alguna vez hay que elegir bando en esa pelea, yo lo tengo clarísimo. Prefiero mil veces al chaval que llega tarde al trabajo, tiene la nevera medio vacía y aun así salva el día… antes que al tío perfecto que te pega una charla moral en mitad de cada pelea. Yo me quedo con el segundo.
Y si al Capitán América no le gusta… que venga con el escudo y lo hablamos. Pero que se prepare para acabar pegado a una farola lleno de telarañas mientras Spiderman y yo nos partimos el culo riéndonos en su puta cara.
Nota:
Este humilde artículo va dedicado con todo el cariño y bastante mala leche a mis buenos amigos del judo Gasparico y Sergio, dos fanáticos del Capitán América que probablemente ahora mismo estén leyendo esto con la vena de la frente hinchada. Lo siento, chavales, pero alguien tenía que decirlo: apoyar al Capi teniendo a Spiderman en el mismo universo es como ir a un bufé libre oriental y decidir comer solo pan de gambas.
También va dedicado a Susi, la novia de Sergio, que demuestra tener bastante más criterio que estos dos juntos, porque es fan de Spiderman como debe ser. Al menos alguien en esa casa mantiene un mínimo de dignidad superheroica.
Al final la cosa es bastante sencilla: los fans de Spiderman solemos ser la gente guapa, simpática y con sentido del humor. Los otros… bueno, digamos que son los que aplauden cuando el Capitán América empieza a soltar discursos como si estuviera dando una charla motivacional en un gimnasio de barrio a niños brócoli. Pero oye, alguien tiene que hacer ese papel también.
Un beso a los tres.