La mentira de la vida feliz 24/7

Nos han colado una de las mayores trolas de la historia moderna: que hay que estar bien todo el puto rato. Feliz, motivado, agradecido, con energía, sonrisa de anuncio de pasta de dientes y ganas de comerte el mundo incluso un lunes a las siete de la mañana. Y si no estás así, algo falla en ti. Pero no, no falla nada, salvo el discurso de mierda que nos han vendido.

La vida feliz 24/7 no existe. No ha existido nunca. Ni para tus abuelos, ni para tus padres, ni para ese gilipollas de Instagram que sube stories sonriendo desde el gimnasio. Ese sonríe porque está grabando. Luego guarda el móvil y se queda igual de vacío que tú cuando te comes el techo mirando al techo a las tres de la mañana.

Ahora resulta que estar triste es casi un delito. Que tener un día malo es falta de actitud. Que enfadarte es no haber hecho suficiente meditación guiada con voz suave y música de flauta andina. Todo tiene que tener solución rápida, frase motivacional y final feliz. Como si la cabeza fuese un puto microondas emocional: metes afirmaciones positivas, calientas dos minutos y sales renovado.

La realidad es otra cosa mucho menos sexy. La realidad es levantarte cansado sin saber por qué. Es estar bien y, de repente, no estarlo. Es tenerlo todo “más o menos en orden” y aun así sentirte como un saco de mierda sin motivo aparente. Y no pasa nada. Eso también es vivir, aunque no venda cursos ni camisetas con mensajes inspiradores.

La dictadura de la felicidad constante es agotadora. Porque no solo tienes que sobrevivir a tu día, también tienes que fingir que lo estás disfrutando. Y si no lo disfrutas, encima te sientes culpable. Culpa por no estar agradecido. Culpa por no valorar lo que tienes. Culpa por no ser suficientemente zen. Una trampa perfecta para tenerte callado y creyendo que el problema eres tú.

Y luego está el postureo emocional. Gente que no ha resuelto una mierda en su vida pero te da lecciones de equilibrio interior. Gurús del bienestar con ansiedad crónica, pero bien editada. Coaches de felicidad que no saben qué hacer cuando se les apaga la cámara. Todo muy luminoso, todo muy inspirador, todo más falso que un billete de tres euros.

La vida no va de estar feliz todo el tiempo. Va de aguantar, de disfrutar cuando se puede y de sobrevivir cuando toca. Va de días buenos, días malos y días absolutamente inútiles. Va de no entenderte, de cabrearte contigo mismo y de seguir tirando aunque no tengas ni puta idea de hacia dónde.

Así que no, no tienes que estar bien siempre. No tienes que sonreír. No tienes que mejorar cada día. No tienes que aprender nada de cada hostia que te da la vida. A veces solo toca encajarla, maldecir un poco y seguir andando. Y eso también está bien, aunque no salga en Instagram.