Vamos a matizar, que luego vienen los listos. No, no los paran en mitad de la calle. Los paran en la parada. Pero los paran mal. Como si el autobús fuera un taxi colectivo y el conductor estuviera ahí exclusivamente para leer su lenguaje corporal de mierda.
Son los que llegan a la parada y, aunque el autobús va a parar sí o sí, levantan la mano con una solemnidad absurda, como si estuvieran sellando un pacto ancestral. Brazo en alto, mirada fija al conductor, postura firme. No para avisar. Para ordenar. Para dejar claro quién manda ahí.
El autobús frena, abre puertas, y ellos suben con cara de “menos mal que me has visto”, como si el conductor estuviera a punto de pasar de largo una parada llena de gente porque nadie había hecho el gesto mágico. Tranquilo, campeón. El autobús no funciona por invocación.
Lo realmente acojonante es la intensidad. No vale con levantar un poco la mano. No. Hay que estirarla como si estuvieran pidiendo un cambio en la final de la Champions. A veces incluso dan un paso al frente, invadiendo media calzada, no vaya a ser que el conductor dude durante una milésima de segundo sobre si parar o seguir con su vida.
Y si no levantas la mano tú, pero el otro sí, parece que te ha salvado el viaje. Como si gracias a ese gesto heroico el autobús se hubiera dignado a cumplir exactamente su puto recorrido. Nadie les ha explicado que las paradas no son opcionales, que no es “paro si me lo pides bonito”.
Este comportamiento tiene algo de miedo a no existir. Necesitan ser vistos, reconocidos, confirmados. “Ey, estoy aquí, no te olvides de mí”. El autobús iba a parar igual, pero tú necesitabas ese pequeño subidón de control, ese microinstante de poder absurdo sobre un vehículo de doce toneladas.
Y ojo, que si no levantas la mano y el autobús para igual, se te quedan mirando raro. Como si fueras un inconsciente. Como si estuvieras jugando con fuego. “Este va sin brazo en alto, qué peligro”. Perdona por confiar en el sistema, gilipollas.
Así que no, no es grave. No molesta. Pero retrata. Retrata a esa gente que trata todo como una negociación personal, incluso cuando no lo es. El autobús va a parar. Relájate. Baja el brazo. No eres Moisés separando el tráfico urbano. Solo estás esperando el bus, joder.