Soy un tipo multidisciplinar por naturaleza y caótico por vocación. No es una pose ni una etiqueta molona para LinkedIn, es un puto diagnóstico no oficial. Me interesa demasiadas cosas a la vez, empiezo más proyectos de los que termino y aun así, de alguna forma retorcida, todo acaba teniendo sentido. O al menos el sentido suficiente como para no acabar hablando solo en un banco del parque.
Escribo porque es más barato que un terapeuta y bastante menos peligroso que ir gritando a desconocidos por la calle. Aquí puedo soltar lo que me da la gana sin que nadie llame a la policía ni me mire como si acabara de cagarme en mitad del supermercado. Escribir es mi forma de ordenar el ruido, aunque el resultado siga siendo ruidoso. Pero es mi ruido, coño.
Y luego está lo del libro. El máximo exponente de no tener nada que ver con el tema y aun así meterme hasta el fondo. No soy escritor, ni experto, ni nada que se le parezca. Ese libro nació a raíz de una comida entre amigos, de esas que empiezan tranquilas y acaban con la sobremesa completamente fuera de control. Risas, historias, algún comentario que no debía haberse dicho en voz alta y, de pronto, alguien soltó la frase maldita: “eso da para un libro”. Error. Monumental error.
Días después estaba escribiendo una mierda de libro con menos páginas que un prospecto, sin tener ni idea de por qué lo hacía, pero con la necesidad imperiosa de hacerlo. Porque así funciona mi cabeza: alguien enciende la mecha y yo pongo la dinamita.
Este blog es el vertedero controlado de todo eso. Aquí doy rienda suelta a mi humor más mordaz, a anécdotas que probablemente debería guardarme y a reflexiones políticamente incorrectas que no encajan en ningún sitio “respetable”. No escribo para gustar, escribo para decirlo. Si molesta, perfecto. Si hace gracia, mejor. Y si no, pues oye, hay blogs de recetas y mindfulness a patadas.
Disfruto contando historias sin filtro ni temor al qué dirán porque el qué dirán nunca ha pagado mis facturas ni me ha solucionado una puta noche en vela. Esto va de reírse, de pensar un poco y de aceptar que todos estamos un poco jodidos, solo que algunos lo disimulamos peor.
Bienvenido a este caos. No prometo coherencia, ni corrección, ni finales edificantes. Prometo sinceridad, mala leche ocasional y alguna que otra carcajada incómoda. Si has llegado hasta aquí, ya es tarde para arrepentirse.