El puto brócoli americano

No falla, joder. Pones una peli o una serie americana y ahí están otra vez: el brócoli y sus colegas las verduras, ocupando la mesa como si fueran los putos Vengadores de la alimentación sana. Da igual la trama, coño. Puede ser un drama carcelario, un thriller psicológico o una comedia romántica de mierda: siempre hay alguien pinchando un trozo de brócoli.

Tú ves la escena: familia perfecta, cocina enorme, nevera del tamaño de un armario empotrado y en la mesa… pollo a la plancha con brócoli y verduras. El niño protesta un poco, la madre sonríe, el padre suelta una frase moralista y ala, todos felices. Mentira. Mentira podrida. Ese crío obedece a sus padres delante de cámara pero detrás es malo de cojones y vive a base de nuggets y ketchup, pero en la serie hay que vender virtud, no la puta realidad.

Y luego están los adultos. El prota llega destrozado del curro, ha tenido un día de mierda monumental, igual ha muerto alguien, igual ha descubierto que su mujer le engaña con su mejor amigo… y ¿qué hace el cabrón? Se sirve una cerveza y se pone a masticar zanahorias baby. ZANAHORIAS BABY. Me cago en todo. Yo con ese nivel de estrés me como una pizza, una hamburguesa y, si me descuido, al de Glovo con la mochila puesta y la bici si me quedo con hambre y no me ha traído el puto helado. Pero no, él no. Él cruje verdura como si eso arreglara su puto estado emocional. Venga ya, no me jodas.

En las series americanas la verdura es postureo moral del barato. Si comes verde eres buena persona. Si comes carne roja, eres un cabrón peligroso. Si comes comida basura, eres pobre o estás a punto de arruinarte la vida y morir solo. Fijaros bien. Todo muy fino, todo muy profundo, todo muy regulado.

Lo mejor es que allí la realidad es otra. Litros de refresco, bacon como si fueran a prohibirlo al día siguiente, donuts como ruedas de tractor y hamburguesas que parecen construidas con materiales de obra. Estos yankees son hipócritas hasta para ponerse gordos.

Así que cada vez que veas a un americano comiendo brócoli en una serie, no pienses “qué sanos”. Piensa “qué puta fantasía”. Porque eso no es vida real, eso es propaganda verde con música suave. Y el brócoli, pobrecillo, no tiene la culpa de nada… pero sale en pantalla como si fuera otro actor secundario más y sin cobrar un dólar ni optar al Óscar.

Nota:

Dedicado a David, uno de mis niños brócoli favorito que hoy cumple treinta años.